
Para un alcalaíno hoy en día tiene una magia más: puede recibir un poco de su eternidad de la mano de Lucius Aemilius Candidus. Este soldado pretoriano murió hace casi dos mil años en la ciudad "caput mundi" y quiso ser enterrado en la necrópolis de las "Guardias de Roma", que se encontraba por la vía que salía de Puente Milvio, a la derecha del río Tíber.
Se trata de una lápida en forma rectangular de 150 x 59,5 x 25,5 cm, con la parte superior redondeada y con la inscripción y decoración tallada en la cara frontal. La parte superior se decora con una corona de hojas de laurel centrada, muy esquemática, con talla baja y flanqueada por las letras D y M. La inscripción, en nueve líneas, está dentro de un rectángulo de 76 x 38 cm enmarcado con una moldura perimetral. Está fechada a finales del siglo I o principios del siglo II d.C.
"A los dioses Manes, Lucio Emilio Candido, hijo de Lucio, originario de Complutum, de la tribu Quirina soldado de la VIII cohorte pretoriana, ha militado en la centuria comandada por Rufo. Vivió treinta y cinco años y militó once: Mandó poner (esta lápida) en su testamento".
Complutense y ciudadano romano
Lucio Emilio Cándido, con estatus de ciudadano romano, murió a los treinta y cinco años y sirvió como soldado en la VIII cohorte de la Guardia Pretoriana, el cuerpo militar más privilegiado del ejército romano, encargado de la protección y escolta del Emperador y de su familia. Es, por lo tanto, un militar de origen complutense, ciudad entonces adscrita a la tribu Quirina por el "Edicto de Latinidad" del emperador Vespasiano, de alrededor del año 70 d.C. Tal lápida representa uno de los más importantes testimonios de la municipalidad de Complutum, en la época de los Flavios.
• Primero porque la adscripción a Roma y al Emperador le colocaban en una posición social de privilegio, y le ofrecía un período de servicio militar más breve, que dura 16 años (en vez de los 20 de los legionarios), y la exposición poco frecuente a los peligros e incomodidades del campo de batalla.
• Segundo por su salario, una paga más generosa. Un soldado pretoriano gana casi tres veces más que el legionario, y más del triple que el resto, incluso diez veces más que algunos de ellos (los auxiliares).
Gracias a las inscripciones se sabe que los Pretorianos eran reclutados entre los 15 y los 32 años, una franja de edad bastante más amplia que en el caso de los legionarios, que solía situarse entre los 18 y 23 años.
En los dos primeros siglos de nuestra era los pretorianos procedían del centro y del norte de Italia, y una pequeña parte de las provincias más romanizadas como Macedonia, Nórica (Austria) e Hispania. Para ser aceptado en la guardia pretoriana y merecer estos privilegios, un hombre debía tener una muy buena forma física, buen carácter y proceder de una familia respetable. Asimismo, debería utilizar todos los contactos a su alcance y obtener cartas de recomendación de todas las personas importantes que conociera. Si superaba el difícil procedimiento y pasaba a ser un "probatus", era asignado como "miles" (soldado) a una de las centurias de una cohorte.
Lucio Emilio Cándido pertenecía a una importante familia de origen hispano, la de los Aemilii, documentada además de en el centro peninsular en otros sitios de Hispania. En Complutum sería una de las familias de la élite dirigente y con un alto estatus económico, que desempeñarían magistraturas de la ciudad, ocupando puestos en el ejército y con negocios rentables, como la producción de ladrillos, como lo atestigua la presencia de su sello en uno de ellos.
Inicia su servicio a una edad bastante tardía, a los 24 años (lo normal era entre los 18 y 19), y falleció a los 11 años de su ingreso, habiendo desempeñado tan sólo el grado más bajo, el de miles.

Nuestro paisano se ha quedado en la Historia, con su lápida, que se encuentra como la número once entrando a la derecha, apoyada a un lado, en el patio del "Museo Nazionale Romano" en las Termas de Diocleciano, avenida Enrico de Nicola, 78, frente a la "Stazione Termini".
Recordar la magia que ha dejado a la posterioridad y que solamente sus paisanos pueden aprovechar: cuando nos sacamos una foto con él, nos proporciona un aliento de eternidad.
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