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El Colegio de San Ciriaco y Santa Paula

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(o de "Málaga" de la Universidad de Alcalá)

Por: Luis Miguel Gutiérrez Torrecilla
Universidad de Alcalá

Este colegio menor es uno de los más importantes del amplio conjunto que formaban la red de colegios de la Universidad de Alcalá y que surgieron alrededor del colegio mayor de San Ildefonso. El colegio conoció una larga época de esplendor tanto en el siglo XVII como durante buena parte del XVIII.

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Juan Alonso de Moscoso, obispo de Málaga y natural de la villa de Algete, fundó el colegio de San Ciriaco y Santa Paula en 1611. Entre las razones que le motivaron a fundar el colegio en la Universidad de Alcalá hay que destacar las siguientes: el agradecimiento a la Universidad en la que había estudiado (había sido colegial del de la Madre de Dios, doctorándose en Teología), formación académica que le permitió escalar a los altos cargos de la Administración ocupando varios obispados; también la generosidad, por lo que no regateo en medios económicos para dejar perfectamente dotado el colegio; y otra razón más importante, participar en el gran proyecto del cardenal Cisneros de reforma del clero, para lo que orientó el colegio hacia los estudios teológicos.

A estas razones hay que añadir una serie de sentimientos más personales, propios de la época, como un afán de fama y gloria futura, y la búsqueda de la remisión de los pecados y salvación eterna del alma con la realización de grandes obras pías. Para llevar a cabo este ambicioso proyecto contó con la inapreciable ayuda de sus sobrinos, Alonso García de Moscoso y muy especialmente Juan Arias de Moscoso, deán de varias Iglesias. Debido a su avanzada edad don Juan Alonso de Moscoso no pudo ver materializado el colegio, y para él fue sólo un proyecto que realizaron sus sobrinos, siguiendo las directrices por él marcadas.

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Constituciones Colegio de Málaga
El colegio, por expreso deseo del obispo, se llamó de "San Ciriaco y Santa Paula", patronos de Málaga, niños mártires a los que el fundador tenía especial devoción. Hasta hace poco tiempo era comúnmente conocido en Alcalá también como "Colegio de la Paloma", por la penúltima utilización que ha tenido, antes de ser sede de la facultad de Filosofía y Letras, o por el nombre de "Colegio de Málaga".

El colegio se ubicó en un gran edificio que se construyó de nueva planta al comienzo de la calle Colegios. Las trazas del edificio se deben probablemente al arquitecto de Corte, Juan Gómez de Mora. Se empezó a construir en 1623 bajo la dirección de Sebastián de la Plaza; pero, fue acabado por otros dos maestros alarifes, José de Ocaña y Francisco González Bravo a finales del siglo XVII. El pozo del primer patio es del siglo XVIII. Es un edificio de dos alturas, rematado por dos preciosos torreones recubiertos de pizarra negra, y se cierra con un gran patio posterior. La fábrica de la obra es de ladrillo, sobre un zócalo corrido de sillares de piedra en las fachadas. El edificio se organiza alrededor de dos patios con una espléndida escalera de tipo imperial entre ellos, rematada con cúpula ovalada. De entre todos los colegios menores seculares es el más grandioso y modelo de la arquitectura barroca madrileña. El edificio contaba con todas las dependencias necesarias para ser un colegio: biblioteca, refectorio, capilla con sacristía, habitaciones espaciosas para los colegiales y sirvientes, etc.

El modelo colegial propuesto por el fundador se inscribía dentro del tradicional concepto de lo que se entendía por colegio universitario en el Siglo de Oro, según se había definido en los primeros colegios medievales. Muchos de ellos se fundaron en España en el reinado de Felipe II, después del Concilio de Trento, y en el de Felipe III. La forma de organización de estos colegios era peculiar porque funcionaban como entidades totalmente autónomas, tanto en lo financiero -administraban un rico patrimonio-, como en la vida interna -órganos de gobierno propios (rector, consiliarios, etc.)-, todo dentro de un espíritu religioso, que nos recuerda a la organización de las órdenes monásticas, por su forma de vida conventual, basada en principios de orden, jerarquía, celibato, etc.

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La comunidad colegial del Colegio de Málaga quedó organizada, según las Constituciones fundacionales de 1612, editadas en 1674, de forma piramidal, figurando a la cabeza el rector que debía organizar y vigilar la vida interna. Junto a este carácter jerárquico el rasgo que marcó este tipo de institución colegial era su autonomía de gobierno y la posibilidad de que participasen los becarios en la organización del colegio, desempeñando oficios con cierto nivel de responsabilidad. En las Constituciones del colegio se crearon un total de quince becas repartidas de la siguiente manera: ocho para naturales del arzobispado de Toledo -excluyendo a los nacidos en Alcalá de Henares- y las siete restantes, una a Castilla la Vieja, otra a la Mancha, otra a originarios del obispado de Málaga y las otras cuatro libres, comúnmente conocidas con "becas extravagantes". De ellas doce eran para teólogos y tres para canonistas.

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Este edificio fue uno de los incontables tesoros arquitectónicos españoles que sufrieron graves daños durante la invasión napoleónica. De hecho en 1809 algunas de sus instalaciones fueron pasto de las llamas y fue objeto de diversos saqueos.
En 1613 llegaron los primeros estudiantes que se alojaron provisionalmente en unas casas que el colegio tenía en la Plaza del Mercado. Muy pronto los colegiales fueron conocidos por su aplicación y valía académica entre el resto de estudiantes de los que se diferenciaban por su peculiar hábito, manto encarnado con beca morada y bonete negro.

Para optar a una beca de oposición se exigía el título de licenciado en Artes para los teólogos y de bachiller en Leyes o en Cánones para los juristas. Estos estudiantes tenían que pasar un examen ante un tribunal formado por colegiales y presidido por el rector del colegio. Los que aprobaban estaban obligados a presentar un cuestionario en que se indagaba en el origen, la vida y costumbres de sus antepasados; este verdadero expediente de limpieza de sangre, se rellenaba en los pueblos de acuerdo a las preguntas previamente ya definidas. Si se daba por aprobado el pretendiente era admitido como nuevo colegial después de un solemne juramento.

El devenir diario del colegio estaba sujeto a normas concretas, marcadas por las Constituciones y Ceremonias del Colegio, como eran que no se permitía la entrada de mujeres, el cuidado de los compañeros enfermos, cumplir con la clausura -no se podía dormir fuera del colegio o salir de él cuando las puertas se hubiesen cerrado-, cumplir con las ceremonias religiosas diarias, no convidar a personas al refectorio, realizar las conclusiones dominicales y otros actos académicos o mantener la paz y hermandad dentro del colegio. Las posibles ausencias del colegio estaban limitadas a un máximo de tres meses por curso. Detallado quedó también todo lo relativo a las comidas y las porciones diarias de carne y vino, los horarios de esas comidas, las lecturas, el silencio y la forma de comportarse en el refectorio; asimismo, se trata en las Constituciones de las comidas extraordinarias en fechas señaladas, que solían coincidir con ceremonias religiosas, en las que se recibían cuatro reales por colegial y las comidas con el patrono del Colegio, vinculado a la familia del fundador.

El ideal pretendido, que en gran medida se alcanzó a lo largo de varios siglos, fue conseguir comunidades cohesionadas, aunque no exentas de conflictos internos como reflejan los documentos que sobre la vida diaria se han conservado en forma de "actas de capillas". Más allá de los años de convivencia en la Universidad de Alcalá, los colegiales estaban unidos por fuertes lazos solidarios, los que se derivaban de haber compartido los intensos años juveniles de formación en un mismo colegio; lazos que en forma de estructuras clientelares se proyectaban no sólo en la vida académica, sino aún con más fuerza en el desarrollo de la carrera profesional.

 

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Detalle de la cúpula
A mediados del siglo XVII García de Medrano realizó una profunda reforma del Colegio, y a finales del siglo XVIII Pedro Díaz de Rojas, lo visitó y reagrupó en él a otros colegios, como los de Aragón, Lugo y León. En 1788 se otorgaron nuevas Constituciones y se le dio el nombre de "Colegio Teólogo de Málaga".

En el antiguo colegio estudiaron muchos obispos y arzobispos, varias decenas de catedráticos de Derecho Canónico y Teología y un buen número de importantes servidores civiles y eclesiásticos de la Monarquía. De entre ellos destacan: Juan Sánchez Duque, cabeza de los obispos que ocuparon sede en América, y Juan Ortega Montañés, arzobispo de México y Gobernador y Capitán General de Nueva España en 1689, o ya en el siglo XIX Domingo Dutari, miembro del Consejo de Estado, o el historiador Vicente de la Fuente.

Hasta 1843 el edificio mantuvo su uso como colegio universitario en el que los estudiantes residían, con los gastos de manutención y alojamiento pagados. Después, sirvió como Escuela de Artillería y Asilo de San Bernardino para ancianas y mujeres desvalidas. A principios del siglo XX se transformó en colegio "Nuestra Señora de la Paloma", institución benéfica del Ayuntamiento de Madrid, donde residían niños en edad adolescente. En 1985 la Universidad de Alcalá recuperó el edificio y se acondicionó como sede de la Facultad de Filosofía y Letras.

valida-16La fuente de la boca de león (una leyenda recurrente)
Como todo edificio histórico que se precie el Colegio de Málaga también tiene sus propias leyendas. Una de estas historias procedentes del imaginario colectivo hace referencia a la fuente de Arteaga que se ubica en uno de los patios del edificio. En uno de los lados de la fuente se inserta una cabeza de León con las fauces semiabiertas. La leyenda cuenta que cuando una joven sospechaba de un comportamiento infiel por parte de su amado acercaba a éste a la fuente para que demostrase su inocencia introduciendo sus dedos en la boca del león. Si era inocente, volvería a sacarla sin daño alguno pero, si en su comportamiento no hubiese sido fiel hacia su amada, el león le amputaría los dedos de la mano. Esta leyenda guarda numerosos lugares comunes con otras historias populares europeas, como por ejemplo la de la Bocca della Verità en Roma (Italia).

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Publicación recomendada

El profesor Luis Miguel Gutiérrez Torrecilla es autor de la obra El Colegio de San Ciriaco y Santa Paula o de "Málaga", editado por la Universidad de Alcalá de Henares. A lo largo de sus 52 páginas este libro ofrece un detallado y completo repaso al devenir histórico de este emblemático edificio que se ubica en pleno corazón de Alcalá de Henares, en la calle Colegios, muy cerca de la Plaza de Cervantes. Una obra arquitectónica que destaca por la grandiosidad de sus proporciones y la armonía de sus formas. Una lectura muy recomendable.

Pulsa aquí para ver más imágenes del Colegio de Málaga

 

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