
Visitantes, estudiantes y vecinos no pueden abstraerse al encanto de la Universidad de Alcalá de Henares. La importancia de este espacio emblemático de la cultura para la ciudad bebe de los ecos de su glorioso pasado y confirma su solidez como realidad presente y proyecto de futuro. En esta primera entrega conocemos un poco de su historia.
Fue en el año 1499, a punto de expirar el Siglo XV, cuando el Cardenal Cisneros fundó la Universidad de Alcalá de Henares como un proyecto educativo absolutamente novedoso. Nuestra ciudad ya gozaba por aquel entonces de un Estudio General aprobado por el Rey Sancho IV desde 1293 y esto ayudaría a sentar las bases de un nuevo concepto formativo que conciliaba los mejores modelos de la tradición de entonces -París y Salamanca- con aquellos otros más innovadores como Bolonia y Lovaina.
La piedra angular sobre la que se sustentaba el concepto de este espacio educativo condensaba los principios humanistas y renacentistas de la edad Moderna y lo convertían en un crisol cultural en el que confluían tanto el clero como el personal civil que trabajaban en la administración del Estado.
A lo largo de los siglos XVI y XVII la implantación de la Universidad de Alcalá tuvo gran éxito entre la aristocracia universitaria y sus frutos no se hicieron esperar. Nombres como Nebrija, Tomás de Villanueva, Ginés de Sepúlveda, Ignacio de Loyola, Domingo de Soto, Ambrosio de Morales, Arias Montano, Juan de Mariana, Francisco Vallés de Covarrubias, Juan de la Cruz, Lope de Vega, Quevedo, etc. fueron alumnos o profesores de la Universidad y personificaron lo más granado de nuestro Siglo de Oro español, una de las etapas más prolíficas en lo que a creación literaria se refiere en nuestro país. El éxito y prestigio cosechados hizo también que este modelo universitario se convirtiese en un bien exportable a los nuevos centros educativos de América.














