Serie Ciudades Patrimonio de la Humanidad
Delibes define a Segovia como la ciudad más fina de Castilla. La finura es algo que nace del interior, una forma de estar en la vida, de saber estar en ella. Las personas que poseen esta cualidad, esta modalidad de belleza interior, iluminan de manera honesta y verdadera.
Esto podría ser la clave de la relación de Segovia con la luz, ya descrita por María Zambrano: una especie de iluminación que nace de dentro y aflora a la superficie posándose en ella y en todo lo que en ella se ubica. Y es que Segovia, la ciudad que ha inspirado a tantos escritores es mucho más que el Acueducto, el Alcázar o su Catedral. Segovia envuelve el alma de quien la visita con una luz intensa, la misma que imprime vida y devuelve el latido a las vetustas piedras románicas que configuran la mayor concentración urbana de este arte en Europa.
Esa misma luz fue la que iluminó a los monjes y místicos que eligieron la ribera del río Eresma. Dominicos, Cistercienses, Carmelitas, Jerónimos y Templarios de la Orden de Malta, se establecieron en sus márgenes tal y como lo atestiguan los monasterios de San Vicente, Santa Cruz la Real, el Parral, Los Carmelitas o la Iglesia de la Vera Cruz.
Segovia, además de albergar un extenso y rico patrimonio histórico, luce una amplia oferta gastronómica, cultural y de ocio, que ilumina la vida de la ciudad a lo largo de todo el año. Festivales de notoria relevancia como Titirimundi, Festival de Música Sacra, Festival de Segovia, Folksegovia, Hay Festival, MUCES o Segovia Romana, son algunas de las citas anuales más relevantes. Esa misma luz ha convertido frecuentemente a Segovia en estudio cinematográfico. Sus calles están acostumbradas a los focos y al chasquido de las claquetas y a menudo son cómplices de la magia de una película que nace. Estas calles han prestado su fisonomía para disfrazarse de pasado y de futuro, de guerra y paz, de amor y odio, de tragedia y comedia.
Estas calles han sido escenario de muchas historias con la misma naturalidad con la que acogen día a día su propia existencia. Si quiere un viaje de cine, lleno de experiencias sorprendentes, haga una parada en Segovia, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, deje que sus calles sean el escenario de un episodio de su vida y permita que su luz le toque el alma.

Joyas segovianas irrepetibles:
La Catedral
Punto de reunión vespertino de las cigüeñas. De estilo gótico tardío, comenzó a construirse en 1525 con la colaboración desinteresada de los segovianos bajo la dirección de los arquitectos Gil de Hontañón. Sustituyó a la Catedral Vieja situada en los actuales jardines del Alcázar y destruida durante la Guerra de las Comunidades en 1520. En su exterior, al oeste, está la fachada principal, conocida como Puerta del Perdón, con la escultura de la Inmaculada, obra de Juan Guas. Junto a ésta se extiende el Enlosado. La torre, situada en el lado de la Epístola, privilegiado mirador sobre la ciudad, es uno de los elementos más llamativos por su gran altura. La Puerta de San Geroteo, legendario primer Obispo de Segovia, al sur, y al norte, la Puerta de San Frutos, construida en honor del patrono de la ciudad a principios del s. XVII. Otro foco de interés es el ábside, que linda con la Judería Vieja, aderezado por contrafuertes y pináculos, de piedra caliza, rodeando la gran cúpula.
El Alcázar
Su perfil aparece como un buque imaginario sobre el tajo en el que confluyen los ríos Eresma y Clamores, festoneado por el escenario de ocres y azules de la llanura y la sierra. Le anteceden unos cuidados jardines con la estatua de los héroes de la Guerra de la Independencia Daoíz y Velarde, obra del escultor segoviano Aniceto Marinas. A la izquierda la Casa de la Química. Un profundo foso con puente levadizo abre paso a una fortaleza de ubicación privilegiada, posiblemente habitada desde la época celta. El castillo, convertido en Alcázar -residencia real- en el s. XIII, adquirirá su fisonomía gótica en los tiempos de Juan II y Enrique IV. Su restauración ha sido continúa tras un grave incendio ocurrido en 1862 y que a punto estuvo de destruirlo definitivamente. Sin embargo, en 1882, reinando Alfonso XII, se inició su reconstrucción, ya nunca abandonada. En la silueta del monumento destaca la torrecita de Alfonso X El Sabio, en el ángulo norte, desde la que este monarca estudiaba el firmamento, y la torre de Juan II de 80 m de altura, con bellos esgrafiados y doce torrecillas adornando su volumen.
Iglesia de San Justo
Una pequeña joya, el templo románico de San Justo (s. XII), con uno de los pocos tímpanos esculpidos del románico segoviano, una esbelta torre y unas interesantísimas pinturas en su ábside, dominado por el Pantocrátor y con escenas de la Pasión y de la vida de los santos titulares.
Monasterio de Santa María de El Parral
Este monasterio mandado construir en 1447 por Enrique IV, aunque la leyenda atribuye la fundación del mismo a su valido Juan de Pacheco, Marqués de Villena, es un complejo de edificaciones distribuidas en torno a varios claustros, góticos, mudéjares y platerescos. En la fachada de la iglesia monástica, inconclusa, destacan los escudos de los Pacheco y una airosa torre rematada con crestería plateresca, obra del segoviano Juan Campero; su interior, con una nave, tribuna a los pies, capillas laterales y cabecera poligonal, sigue el modelo de construcciones jerónimas y fue obra del arquitecto Juan Guas.
Entre las excepcionales obras de arte de este templo destacan la portada de la sacristía, la tumba de Beatriz Pacheco y el Apostolado que enmarca los altos ventanales de la cabecera, del escultor Sebastián de Almonacid; y el conjunto plateresco formado por el retablo central, esculpido en madera, y las monumentales esculturas de Juan Pacheco y de su esposa, María de Portocarrero, obra de los escultores Juan Rodríguez y Lucas Giraldo.
Plazas de San Martín y Medina del Campo
La Plaza de Medina del Campo, está rodeada por un interesante conjunto arquitectónico con una configuración en niveles que recuerda a las plazas italianas por sus elegantes edificios, entre los que destaca la Iglesia de San Martín. Con el buen tiempo, los bares y restaurantes extienden sus terrazas animados por los conciertos de jazz, música popular o títeres.

En la plaza se hallan casas nobles de varias plantas, con techumbres de madera, patios porticados en tres lados y fachadas de granito con los blasones tallados en piedra. Destacan entre ellas la Casa de los Solier y la Casa de Bornos, ambas del siglo XVI, precedidas por una fuente con figuras de leones y niños. Junto a ellas aparece el Torreón de Lozoya (s. XIV), altiva torre rectangular de tipo defensivo. Su interior, embellecido por dos patios renacentistas, ha sido reconvertido en salas de exposiciones por la Caja de Ahorros de Segovia.
La conocida casa del siglo XV, antes de los Tordesillas y los Tapias, con fachada granítica, portada con alfiz de bolas y galería de moldurados arcos rebajados y la Casa de los Mexía Tovar (s. XVII), son otros ejemplos de los palacios que configuran esta plaza. Una estatua de Juan Bravo realizada por el escultor Aniceto Marinas, situada en el primer tramo de la escalinata y dos esfinges de piedra -Francisco Bellver, 1852- con cabeza y busto de mujer y cuerpo de leonas, conocidas popularmente como Las Sirenas, completan la plaza. En la parte alta de la plaza, nos encontramos con el llamado Hospital de Viejos. Este edificio del siglo XVI forma parte del antiguo Palacio de Enrique IV, llamado el Real de San Martín. Desde abril de 1998 alberga el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente.
Además de los monumentos aquí relacionados, son dignos de visita también El Real Ingenio de la Moneda, uno de los pocos edificios industriales del siglo XVI que han llegado hasta nosotros casi intactos y la Iglesia de la Veracruz, fundada por los Caballeros de la Orden del Santo Sepulcro en 1208.
Imagenes de Segovia (click para ampliar)
Más información:
Turismo de Segovia
www.turismodesegovia.com
www.reservasdesegovia.com













