Serie Ciudades Patrimonio de la Humanidad
San Cristóbal de La Laguna es una de las joyas escondidas del Atlántico. Esta ciudad cinco veces centenaria, que fuera la más relevante de las Canarias y capital de la isla de Tenerife durante más de 300 años, fue pensada y diseñada para la paz, sin murallas y a la vanguardia de las nuevas ideas del 1500. Su trazado intacto, la conservación de más de 600 edificios de arquitectura mudéjar y su ejemplo vivo del encuentro de las culturas europea y americana, además de precedente directo de las urbes luego fundadas en el Nuevo Mundo, la han llevado a ser la primera y única ciudad Patrimonio de la Humanidad de Canarias.
Tras más de una década de tan feliz reconocimiento universal, La Laguna sigue, como siempre, fiel a su espíritu fundacional, abierta a quien la quiera descubrir.

La ciudad desde el Monte de las Mercedes con el Teide al fondo
Cuando los conquistadores llegaron a la isla de Tenerife en las postrimerías del siglo XV y sentaron sus reales en Añazo, en su ascenso hacia el norte de la Isla, para culminar la hazaña que hasta aquí les había traído, se encontraron con la laguna que, posteriormente daría nombre a la ciudad. Por entonces, el valle de Aguere (topónimo aborigen) era un lugar fértil de clima templado que cumplía, además, dos funciones fundamentales: estaba lo suficientemente alejado de la costa para repeler los posibles y frecuentes ataques por mar y comunicaba las dos vertientes de la Isla de Tenerife en que radicaban los diferentes menceyatos que aglutinaban a la población aborigen.
Tras la conquista, en este entorno se comenzó a gestar una realidad hasta entonces desconocida y novedosa en el mundo del urbanismo, que después se convertiría en el modelo más utilizado en el recién descubierto Nuevo Mundo: la ciudad de paz.
La singularidad de San Cristóbal de La Laguna reside, por un lado, en la particular conformación de su planta, trazada como una rosa de los vientos, instrumento de navegación fundamental para los aventureros, viajeros y conquistadores de la época, y por otro, en la extraordinaria conservación de esas características del trazado y su pervivencia hasta nuestros días.

Plaza del Adelantado
Las urbes importantes, hasta entonces, estaban fortificadas, hechas tanto para atacar como para repeler los posibles ataques tras sólidas murallas que permitían la defensa y seguridad de los habitantes pero, por otro lado, condicionaban su vida convirtiéndose en reductos endogámicos y autosuficientes de los que se salía con dificultad. El cambio que supuso la nueva estructura de ciudad experimentada en La Laguna, la ciudad-territorio, no sólo afectó, entonces, al ámbito arquitectónico y urbanístico, sino también a la mentalidad y manera de concebir el entorno de sus habitantes, que vivieron y enriquecieron un modelo de ciudad paradigmático y representativo de la nueva mentalidad que comenzaba a forjarse y que tuvo su mayor desarrollo en el Renacimiento.
San Cristóbal de La Laguna no es, por tanto, un proyecto de ciudad trazada de manera aleatoria o sistemática, sino que en ella subyace todo un complejo proyecto basado en varios principios funcionales y filosóficos. Su valor universal fue corroborado por la UNESCO el 2 de diciembre de 1999, cuyo comité del Patrimonio Mundial en Marrakech le otorgó el título de Patrimonio de la Humanidad, honor que La Laguna comparte hoy con otras trece ciudades de España.
Revitalización urbana, social y cultural
La Laguna vive hoy un imparable proceso de revitalización, con la rehabilitación y restauración de edificaciones históricas o la peatonalización de las calles principales de su centro histórico, lo cual ha puesto en valor a la ciudad como lugar ideal para vivir, ha relanzado la actividad socio-económica del tejido del pequeño y mediano comercio y ha colocado los cimientos para la creciente atracción de un turismo cultural y de calidad.

Caserío El Batán - Monte de Las Mercedes
Esta transformación se ha visto refrendada oficialmente con las recientes distinciones honoríficas recibidas por el Ayuntamiento lagunero, en forma de dos premios estatales otorgados por los ministerios de Cultura y de Turismo y Comercio, lo cual no ha hecho más que afianzar la certeza acerca de cuál es el camino a seguir.
En este camino ha sido especialmente importante la reciente implantación del Tranvía en el área metropolitana de Tenerife, que ha supuesto una verdadera revolución para la movilidad y comunicaciones entre La Laguna y la capital, Santa Cruz de Tenerife. Así, la ciudadanía y quienes visitan La Laguna tienen al alcance de su mano un medio de transporte colectivo moderno, cómodo y puntual.

Calle de La Carrera - Casa de los Capitanes en primer término
La superficie plana de la ciudad hace aún más atractiva la visita a su centro histórico, invitando al paseo sosegado y al disfrute de su ambiente, sus monumentos... Precisamente, el triángulo peatonal formado por las calles de San Agustín, La Carrera y Herradores, vías principales de la ciudad, contiene la mayoría de inmuebles civiles, religiosos y culturales dignos de admirar.
Y para ello nada mejor que hacerlo a través de las rutas guiadas que ofrece la ciudad (de temática y recorrido diversos), cuyo punto de inscripción y partida es la oficina municipal de información turística ubicada en la Casa de los Capitanes o Alvarado Bracamonte (C/ La Carrera, 1. Teléfono 922 631 194).
Otros atractivos innegables de La Laguna son sus fiestas y tradiciones, encabezadas por las realizadas en honor al Santísimo Cristo de La Laguna, que cada mes de septiembre convierten a la ciudad en capital espiritual de la isla; o la Romería Regional de San Benito Abad, patrón de los labradores laguneros desde 1532, cada segundo domingo de julio, cuando el jolgorio y el colorido del campo entran por las calles de Aguere rememorando sus raíces; y, cómo no, su Semana Santa, cúspide de recogimiento, silencios y emociones a flor de piel y relevante muestra en la calle de arte sacro.
También merecen ser vividas otras manifestaciones festivas del municipio, como los sugerentes corazones de frutas y flores con que el pueblo de Tejina obsequia todos los agostos a su patrón San Bartolomé, o la representación de la Librea de Valle de Guerra, que, desde hace más de 400 años, recrea espectacularmente las batallas de moros y cristianos.
Mar y monte
A su vez, la tranquilidad y el solaz marítimo están asegurados en los pueblos costeros de Bajamar y Punta del Hidalgo, a unos cinco kilómetros del centro de la ciudad, con sus espectaculares piscinas de agua salada acondicionadas en los charcos naturales caprichosamente formados por coladas de lava.
Imprescindible también es la visita al Monte de Las Mercedes, que forma parte del impresionante Macizo de Anaga, salpicado de evocadores caseríos y que atesora el bosque de laurisilva, una verdadera reliquia natural ya extinta en otras partes del planeta, en la que destaca la zona de la Cruz del Carmen, donde se concreta la mayor biodiversidad de endemismos por km2 de toda Europa.
Más información en la web: www.visitlalaguna.es













